La verdadera historia de las Minorquinas

Por Anne Savajol
En Menorca, la menos conocida de las Islas Baleares, la fabricación de calzado comienza a principios del siglo XX. Esta fabricación se amplía y diversifica alrededor de los años 50, y es, desde entonces, una tradición y una industria importante de la isla.

Años 50: nacen las avarcas

Sus orígenes se encuentran en las granjas de Menorca, donde los campesinos que trabajan la tierra comenzaron a fabricarse ellos mismos, por necesidad, calzado adaptado a sus necesidades para la temporada de calor. Este calzado debía ser resistente, cómodo y práctico. Estaban compuestas por una tira de cuero en la parte superior, ligeramente abierta en la punta para que el pie pudiera respirar, pero no demasiado para proteger los dedos, una tira en la parte trasera para sujetar la sandalia al talón y una suela de neumático reciclado para hacerlas impermeables. La parte superior de los zapatos y la tira estaban cosidas directamente a la suela de neumático. Rápidamente, las avarcas, todavía muy rudimentarias, se democratizaron en la isla. En varios pueblos, había un zapatero que las fabricaba bajo pedido para los aldeanos.

Años 60: las avarcas se transforman

Gracias a su comodidad, practicidad y robustez, las avarcas se transformaron en sandalias usadas por todos los menorquines y menorquinas, pequeños y grandes, sea cual sea su profesión o condición social. Fue durante este auge de principios de los años 60 cuando las avarcas se dotaron de una plantilla y se ajustó la correa del talón; estas fueron las primeras grandes modificaciones de las avarcas. También en estos años José Riudavets creó el primer taller a gran escala de fabricación de avarcas para la isla. Aportó mejoras técnicas que las hicieron aún más cómodas como, por ejemplo, la inserción de una fina tira de goma en la correa para garantizar la elasticidad, la plantilla absorbente que evita que el pie resbale en la sandalia y, por tanto, asegura una mejor sujeción, y la suela de goma que les confiere más flexibilidad mejorando la comodidad sin quitar la vocación original de impermeabilidad.

Años 70: la conquista de las Baleares

Las avarcas se generalizaron totalmente en la isla de Menorca. Son, por esencia, el calzado del verano. Los primeros pares se enviaron a Mallorca donde tuvieron un éxito inmediato y luego a Ibiza para terminar su expansión en las Baleares.

Años 80: ¡el turismo para Menorca y las avarcas!

El turismo empieza a desarrollarse en Menorca y muchas avarcas vuelven en las maletas de los visitantes. Las avarcas se han convertido en el producto típico de Menorca. Los fabricantes de avarcas siguen, desde entonces, las tendencias en cuanto a colores y variedades de cuero.

En esos años, los turistas franceses que las descubren y las adoptan de inmediato, las llaman, por comodidad, "las menorquinas".

 

 

Años 90: las avarcas de hoy

Las avarcas experimentan sus últimas transformaciones, como la fabricación sobre hormas ergonómicas (mejora del calce) y diversas modificaciones estéticas que las convertirán en las que usamos hoy en día.

Con el creciente desarrollo del turismo cada año, la producción también sigue la corriente y las avarcas se dan a conocer en la península española gracias a numerosas personalidades y, entre otras, a la familia real que las usa cada verano

 

Años 2000: Nacimiento de Minorquines

La demanda internacional de avarcas está en pleno auge. Aparecen sitios web dedicados a las avarcas en Estados Unidos, Alemania, Singapur y, ¡sin embargo, nada en Francia!

Es entonces cuando la creadora de Minorquines, que pasa sus vacaciones desde su más tierna infancia en las Islas Baleares y enamorada, como todos los franceses que las conocen, de las avarcas, decide en 2011 dar el paso.

Deja su antiguo trabajo y se dedica a su nueva búsqueda: ¡compartir su pasión por las menorquinas con el mayor número de personas!